jueves, 3 de abril de 2014

La primera monarquía.

Este no es Alulim
Anteriormente habíamos hablado del nacimiento de la primera civilización, la sumeria. Habría que puntualizar que la consideramos la primera no porque realmente haya sido la primera (en lo que hoy es Turquía aun sobreviven los restos de ciudades superpobladas de hace no menos de 5000 años antes de Cristo) sino porque es la única de la que disponemos los datos y las pruebas necesarias para otorgarle dicho honor. El fenómeno civilizador fue lento, se consolido a lo largo de miles de años.

Recordemos que en la mesopotamia este fenómeno que era la civilización también tenía lugar. Los pastores locales se habían fundido en una sola sociedad con los agricultores nómadas (seguramente escapando de las superpobladas ciudades del norte y del clima árido que el fin de la glaciación había dejado en aquella región) y había nacido la nueva identidad cultural, la sumeria.

Los pastores habían completado su lengua monosilábica con las palabras bisilábicas de los semitas. Palabras como carpintería, cultivo, hoz y curtidor habían pasado a formar parte de sus vidas. Pero no solo la lengua había cambiado, la sociedad había cambiado. Los pastores se mudaron cerca de los terrenos áridos y los agricultores ocuparon las orillas de los ríos. Era una organización lógica que estimulaba el intercambio y mejoraba la obtención de recursos. Los pastores producían carne y leche, a cambio de trigo y cebada.

El grueso de la población vivía en casas que se construían una cerca de otra por seguridad y también por comodidad. Sin embargo aquel no el Edén que nos habla el Génesis. Lo cierto es que ninguna civilización surge donde abundan las riquezas, sino que lo hace la vida es mas difícil.

La riqueza ganada en un territorio tan complicado pronto atrajo la atención y la codicia de los vecinos. Y esta no era la única amenaza, los propios sumerios se veían entre sí con prejuicios. Los agricultores pensaban que los pastores eran rústicos y sucios; y los pastores veían a los agricultores como decadentes y afeminados.

La riqueza y la buena vida había dejado en segundo plano la hospitalidad de las gentes sencillas. El control de los ancianos, de las asambleas y de los clanes familiares no podía hacer frente a los nuevos desafíos. Pero algo tenía que poner de acuerdo a la sociedad sumeria y hacer frente a las amenaza que llegaban del exterior.

En este contexto nació la figura del primer monarca. Quizás no fuera el primero pero su nombre sí que es el primero que aparece escrito en una lista. Hablamos de la lista de los reyes sumerios, una lista escrita en una tablilla de arcilla.

El primer rey se llamaba Alulim. No sabemos cómo llego al poder. No sabemos si era un buen monarca. Lo único que conocemos de él es que gobernó la ciudad de Eridu durante 28.000 años. Semejante tiempo en el gobierno nos sugiere que era un dios, un semidios o quizás un ser mitológico.

Pero tanto años en el poder también nos deja entrever que consiguió poner de acuerdo a pastores y agricultores,  y que supo resolver los problemas que aquejaban a los sumerios.

Otro indicio de su éxito es su heredero. El hijo de Alulim se llamaba Alalgar, y este supero con creces a su padre. Alalgar gobernó durante 36.000 años.

Tenemos que destacar que los años de gobierno de los ocho primeros reyes sumerios son múltiplos de 3600. Eso quiere decir que tras el número de años reinado hay una meditación, un símbolo y un significado místico que hoy se nos escapa y que nunca será explicado convincentemente.


Quizás esta misma magia indescifrable sea la que envuelve hoy a los monarcas, no lo sabemos, pero tras la muerte del octavo rey de sumeria llego la catástrofe, llego el diluvio, el mundo primitivo se convirtió en un recuerdo turbio escrito en barro.